Hoy abro este blog.

No para dar lecciones, ni para hacer ruido. Lo abro para dejar constancia. Para escribir lo que vivo, lo que aprendo por el camino y también aquello que, por falta de tiempo o costumbre, muchas veces se queda dentro y no se dice en voz alta.

Soy cortador de jamón. Y sí: aquí habrá jamón. Habrá tablas, cuchillos, eventos, madrugones y noches largas. Pero también habrá carretera, trabajo acumulado, cansancio en los huesos, orgullo por lo bien hecho, familia, risas robadas al final del día, dudas silenciosas y esas pequeñas verdades que aparecen cuando uno deja de correr un momento y se sienta a pensar.

Este blog nace desde una vida a contrarreloj. Días que empiezan temprano y terminan tarde, agendas llenas, kilómetros, llamadas, prisas y la sensación constante de no llegar a todo. Pero también nace desde la necesidad de parar, aunque sea aquí, aunque sea escribiendo. De poner en palabras lo que el cuerpo y la cabeza van acumulando mientras el día a día avanza sin pedir permiso.

Hay quien utiliza las redes sociales. Quien me conoce sabe que eso no es lo mío. Siempre me gustó escribir, y este blog era una asignatura pendiente desde hace mucho tiempo. Prefiero el texto a la foto, el silencio al escaparate. Me gusta huir de las entrevistas, de posar, de estar en primera línea. Ya sabéis que alguien siempre va por mí. Yo estoy más cómodo en la última fila. Ahí observo, ahí disfruto. Y quizá este blog sea eso: mi última fila.

Un sitio sencillo, sin filtros. Donde escribir cuando se pueda, como se pueda. Un lugar para hablar de jamón, de trabajo, de vida y de todo lo que se aprende cuando uno vive ocupado, cansado, pero convencido de lo que hace.

Si has llegado hasta aquí, gracias.

Este espacio es eso: el día a día sin adornos.


Escrito por Moisés Monroy García, con la calma de quien vuelve a empezar.